“Yo trataba la enfermedad, no trataba al paciente, y veo que eso me hacía mucho daño”, cuenta la Dra. Solange Maria, farmacéutica esteta, al relatar su trayectoria profesional. Primero trabajó en el área hospitalaria y oncológica, pasó a la droguería y hoy emprende en la estética.
Los factores para cambiar de área son diversos: tanto el desgaste con la burocracia de la droguería como la sensación de que su profesión no era valorada llevaron a la farmacéutica a buscar algo más. “Sentía que no podía ayudar a las personas, y cuando vi que iba a trabajar con la estética, rescatando mis orígenes de la farmacia y cuidando la salud y la autoestima de los pacientes, lo único que hice fue sumar a mi carrera, en vez de alejarme como creí que pasaría”.
Siempre con los pies en la tierra, al principio la Dra. prefirió invertir en cursos libres para conocer un poco más el área . Al retomar sus estudios, Solange cuenta que contó con la ayuda de dos grandes figuras en su vida: su amiga y colega de profesión, y su suegro.
El punto de partida
“Hice una pasantía con una farmacéutica amiga mía, que me fue introduciendo en el área de la estética; en 2017 había hecho algunos cursos en Nepuga, pero sentí que necesitaba las prácticas para aprender de verdad, y entonces decidí entrar al posgrado. Mi amiga se graduó un año antes que yo, hoy nos ayudamos y le estoy muy agradecida”.
Además, cuenta que una de las principales personas que apoyaron su decisión fue su suegro, quien lamentablemente falleció por covid-19: “Mi suegro fue quien me dio el empujón para empezar a trabajar en el área de la estética, fue mi mentor, siempre me ayudaba en la droguería y después insistió en que empezara en la estética. Yo no tenía dinero, pero me sacudió y me dijo ‘Arréglatelas, pásalo en la tarjeta y échale ganas’ . Fue entonces que agarré la tarjeta y la reventé con el curso; en lugar de gastar en tonterías, invertí en mi carrera”.
En 2019 terminó la especialización y poco a poco fue armando su espacio. Todo iba bien y la intención era cerrar la farmacia y quedarse solo con la clínica. Sin embargo, menos de un año después de abrir el segundo emprendimiento, la pandemia comprometió sus planes.
Con todas las dificultades de un negocio nuevo y la incertidumbre del mercado en ese período, la Dra. Solange decidió no renunciar a la farmacia. Actualmente se divide emprendiendo en dos áreas: la farmacia que coordina hace 7 años y su consultorio estético.
Un nuevo comienzo en la estética
Desde que empezó a especializarse en el área, la Dra. fue luchando para comprar cada equipo y perfeccionar su técnica incluso durante el posgrado. Todo el esfuerzo está movido por la búsqueda de una carrera con buenos frutos: “El área de la estética trajo más reconocimiento a mi carrera; cuando te sientas en un consultorio a prescribir, hacer una anamnesis, atender a un paciente y cuidarlo, es totalmente diferente a un mostrador de farmacia donde parece que la persona solo está ahí para vender un medicamento”, completa.
Siempre invirtiendo en nuevas técnicas, y sensibilizada por el fallecimiento de su padre y de su suegro, la Dra. Solange comenzó a investigar y profundizar en la ozonoterapia: “Vi que el ozono ayudaba mucho después del covid, e incluso algunos protocolos para covid, porque ayuda al sistema inmunológico. Así que cuando mi mamá se contagió de covid, yo ayudé a curarla con ozono; a partir de ahí empecé a asociar la ozonoterapia con mis terapias en el área de la estética y a complementar los tratamientos que ofrezco”.
Afirma que siempre rescata sus orígenes en el área de la salud y cree que la combinación de protocolos es muy importante para el mejor resultado: “Veo que, sobre todo en el área de la estética, si no oxigenara al paciente y no hubiera desinflamado la región, no tendría un resultado tan bueno. Primero cuidas la salud del paciente, para después ofrecer el resultado estético”.
Casos de Éxito>Farmacia EstéticaSarah
Equipo de contenido de NEPUGA — Núcleo de Especializações Ana Carolina Puga.