Las especialistas Ritta Vilar (Farmacia Estética), Inaiá Egan (Enfermería Estética) y Elane de Moura (Farmacia Estética) presentaron su Trabajo de Fin de Curso (TCC) ante la Comisión Examinadora de Nepuga/FAPUGA en 2019.
El título elegido por el grupo de la unidad de Recife-PE fue “Toxina botulínica en el rejuvenecimiento facial: Conceptos farmacológicos y anatómicos para su utilización”. Mediante una revisión bibliográfica, las autoras analizan los principales conceptos del tema.
En general, las arrugas faciales son señales de envejecimiento, debilidad o falta de salud y vitalidad. Por eso, las técnicas para reducir arrugas ganaron popularidad por ser relativamente poco invasivas y accesibles en comparación con los procedimientos quirúrgicos.
La toxina botulínica tipo A (TBA) se ha convertido en la principal modalidad estética para el tratamiento de arrugas y líneas de expresión, “La piel es uno de los órganos más importantes de interacción del ser humano con el medio en que vive. La atrofia dérmica asociada a la mímica de la musculatura facial hiperdinámica contribuye a la formación de líneas y arrugas visibles, que son una característica prominente del envejecimiento”.

Al destacar los conceptos farmacológicos de la toxina botulínica, las especialistas explican:
“La toxina botulínica es una potente neurotoxina producida por una bacteria grampositiva, anaerobia estricta y esporulada, llamada Clostridium botulinum. Se presenta en siete serotipos diferentes (A, B, C, D, E, F y G). Cada uno de ellos produce una única forma neurotóxica que bloquea selectivamente la neurotransmisión colinérgica y produce así una parálisis muscular. Para fines estéticos se destacó entonces la toxina botulínica A (TBA)”.
Como el procedimiento no invasivo más popular para el rejuvenecimiento facial, su aplicación se recomienda en diversas zonas, “El tratamiento con TB está indicado para modelar la ceja y la nariz, tratar las líneas de expresión de la frente, elevar las comisuras de la boca, suavizar las arrugas dinámicas tanto en el rostro como en el cuello y el escote, así como corregir asimetrías faciales”.
Dado que los procedimientos faciales tienen un gran impacto en la autoestima y el bienestar social de los pacientes, el TCC de la especialización en estética advierte sobre la importancia de conocer la anatomía facial:
“Este conocimiento incluye los detalles de cada músculo, su origen, inserción, fuerza de tracción y su función como agonista o antagonista de la mímica facial. Asimismo, comprender los aspectos farmacológicos de la TBA y su mecanismo de acción es de suma importancia para entender cuál es el objetivo del tratamiento, su latencia y su duración”.
De esta manera, el grupo de especialistas llega a un denominador común, “Fue posible concluir que es esencial contar con un conocimiento anatómico y farmacológico correcto para realizar una técnica de administración segura y eficaz, en cualquiera de sus indicaciones”.
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Equipo de contenido de NEPUGA — Núcleo de Especializações Ana Carolina Puga.